
No-dualidad: Unidad sin opuestos
La Unidad lo engloba todo sin excepción. Nada queda fuera. No hay un afuera.
La no-dualidad apunta a esa Unidad sin opuestos.
El ego es la creencia en la separación. Y una creencia es solo eso… una creencia. La verdad sigue intacta en la Unidad donde toda creencia es acogida sin que por ello sea real. El ego no es real. Tal como tus sueños nocturnos no lo son por mucho miedo o placer que hayas experimentado en ellos.
Que la conciencia está identificada con esa creencia de separación y que experimenta la «realidad» de ser un cuerpo es algo que no puede ser negado, de hecho es absurdo negar que esa es tu experiencia.
A lo que apunta la no-dualidad es al hecho de que más allá del sueño temporal de ser un cuerpo, por muy real que te resulte, la verdad sigue siendo verdad. Cuando la conciencia acabe de leer la novela, tu historia, que tan real parecía, regresará a la estantería de lo ilusorio… como todos los sueños.
El empoderamiento del ego es un intento de perpetuar este viaje experiencial de separación tratando de llenar el vacío que nos mantiene en constante búsqueda. Un vacío que no se llena ni con dinero, ni con relaciones, ni con conocimientos, ni con experiencias…
…Un vacío de ti, de quien realmente eres. Es a ti a quien estás buscando en esta carrera de obstáculos que llamas «tu vida».
El ego no puede conectarse a nada porque es la creencia en la desconexión, en la separación, en el yo individual separado del mundo. Lo más que puede ofrecerte como «conexión» es la unión de dos cuerpos que, por profunda que pretenda ser, no llena el vacío existencial que te lleva a buscar más cuerpos, más dinero, más experiencias, más conocimientos, más… más… más…
Y sí, aquí estamos. A veces recordándonos (re-cordis: volviendo al corazón, volviendo al centro) a veces olvidándonos (descentrándonos). Bailando este baile inocente de unirse y separarse hasta que ya no deseemos ser separados. Hasta que reconozcamos que nada se ha roto en esta fantasía de «especialismos».
Y entonces, sin culpa ni miedo, envueltos en la inocencia, quizás elijamos ser el baile en lugar de ser solamente uno de los bailarines, aislado y vacío.
Mientras tanto el Amor, la Unidad, nos sigue acogiendo y amando, en nuestro disfrute, en nuestro sufrimiento… en nuestro sueño sin consecuencias.
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