
La vida sin ti
En tu huída hacia adelante te persigue la sombra de ese vacío que nunca se colma.
Con tu incansable búsqueda alimentas el deseo oculto de no encontrar para seguir entretenido en tu rol de buscador.
Te refugias en amores platónicos para protegerte de la experiencia de una relación terrenal que amenace quemar, con sus llamas prohibidas, el velo vaporoso de tu pulcritud.
Vives a destiempo. Fuera de sincronía. Perdido en laberintos mentales en los que tejes una vida falsa siguiendo el hilo de tus pensamientos.
Pero no puedes escapar de tu vida eternamente. Ella siempre acaba encontrándote, colmada de sentido, en el mismo lugar donde decidiste abandonarla y al que regresas una y otra vez cuando tus fuerzas flaquean y tus esperanzas se desvanecen. Cuando te sientes solo, fracasado y vulnerable. Cuando formulas preguntas pero no te abres a nuevas respuestas. Cuando acabas pidiendo ayuda pero nunca te quedas a recibirla.
Ese lugar no es un lugar. Es un momento. El único momento que no le pertenece al tiempo. Tu vida, enamorada como está de ti, sigue presente, esperando a que acudas a la cita.
Puedes demorarte cuanto quieras, entretenido en tus juegos de distracción en los que persigues una felicidad futura. Mientras tanto, seguirás viviendo una vida incompleta, entumecida y cíclica. Una vida ausente.
Donde lo único que falta eres tú.
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